miércoles, 15 de junio de 2016

"Gracias mamá" - Extraído de "Historias Cortas de Terror"

"Gracias mamá" - Extracto de "Historias Cortas de Terror" de Katherin Hernández.



Hacía poco tiempo que desgraciadamente su madre había fallecido, Emma estaba todavía pagando las cosas del funeral y revisando los respectivos papeleos. Tenía que quedarse horas extras en el trabajo para poder costear las deudas que se habían generado, todos los días salía de su casa desde muy temprano y regresaba por la noche. Ya llevaba varias semanas repitiendo esta fatigosa rutina y  había perdido mucho peso, lucía muy cansada, ojerosa y no podía ocultar que estaba triste.
Además de que la pérdida de su madre la había dejado devastada, tenía que estar sufriendo por cuestiones económicas y deudas generadas. El padre de Emma había fallecido cuando ella era todavía muy pequeña, infortunadamente no tenía hermanos, prácticamente ella estaba resolviendo todo sola y sin apoyo alguno, Emma comenzaba a creer que los amigos de verdad no existían.
La casa de Emma ya estaba empezando a convertirse en un completo desastre poco a poco, por esto decidió que en unos días más cuando las deudas disminuyeran iba a contratar a alguien para que la ayudara con la limpieza durante un tiempo hasta que las cosas regresaran a ser tranquilas.
Comenzó a realizar entrevistas a los candidatos, pero al terminar aún no lograba encontrar a alguien confiable y que entrara dentro de su presupuesto para la vacante.
Después de unos días de arduo trabajo ocurrió algo sorprendente e inesperado, cuando Emma regresó de trabajar a su casa por la noche, notó que la basura ya estaba en el contenedor, lo único que se le ocurrió fue que tal vez ella lo hizo y lo había olvidado por la situación que estaba pasado o que comenzaba a sufrir de sonambulismo, así que no le dio más importancia, sin embargo pensó que lo mejor sería intentar relajarse para mantener la mente sana.
Al día siguiente pasó algo similar e inexplicable, Emma volvió del trabajo y encontró la casa completamente limpia, todo estaba en su lugar, la vajilla estaba impecable, los pisos limpios, y la casa entera reluciente, esto la comenzó a asustar, ella revisó con cuidado todas las puertas para asegurarse de que nadie hubiera entrado y así fue, las cerraduras estaban intactas y las ventanas parecían no haber sido forzadas, Emma llamó a su única tía que tenía para preguntarle si ella había entrado a su casa, pero le respondió que ni siquiera estaba en el país en esos momentos, se estaban agotando las posibilidades y Emma se quedaba sin respuestas, comenzó a preocuparse muchísimo, se sentó a pensar y después de analizar toda la situación la única respuesta que tenía era que era su madre quien venía a ayudarla desde el más allá, sin embargo eso le pareció una locura y al día siguiente programó una cita con el doctor.
En la clínica le realizaron diversos estudios, el doctor le dijo a Emma que se encontraba bien de salud en general pero que estaba bajo mucho estrés, le aconsejó que se alimentara mejor y que durmiera lo suficiente para estar más fuerte, ella salió ahí decepcionada y más confundida de lo que ya estaba, eso no la ayudó mucho, resolvió invitar a un compañero de trabajo para que se cerciorara de que la casa estaba impecable y comprobar que no era solamente un producto de la imaginación de Emma.
El siguiente viernes por la noche saliendo del trabajo, Emma y su compañero se dirigieron otra vez a su casa, y él corroboró nuevamente que no era obra de la locura de Emma, la casa estaba muy limpia, no encontraban ninguna explicación, su compañero le sugirió a Emma que la suposición de que su madre venía a ayudarla no estaba tan equivocada, esto pareció tranquilizarla, después de cenar se despidieron y ella durmió profundamente, pero sobretodo feliz como hace mucho tiempo no se había sentido.
A la siguiente mañana Emma se levantó de buen humor y optimista, fue a trabajar y tuvo un excelente día, las cosas habían cambiado desde que ella se sentía más positiva, ese día cuando llegó a su casa, se encontró con toda su ropa limpia, doblada y planchada, y así fueron todos los siguientes días, ya no se preocupaba ni un poco por la limpieza y se olvidó de contratar a alguien, ahora estaba consciente de que cuando regresara a casa encontraría todo limpio y ordenado, lo único que decía siempre al llegar era:
-Gracias mamá.
Emma dejó de visitar la tumba de su madre, porque la sentía muy cerca de ella. Se la pasaba hablando sola cuando estaba en su casa con la esperanza de que su madre la estuviera escuchando, a pesar de que no recibía respuestas físicas. En verdad Emma sentía una conexión y estaba inmensamente agradecida por la ayuda y el apoyo que le había brindado su madre aún después de su muerte.
Conforme pasaba el tiempo las sorpresas aumentaban, no sólo era la limpieza, sino que al llegar algunas veces encontraba la despensa llena y bien surtida, y ella pensaba:
-¿Acaso será posible que mi mamá vaya y haga las compras por mí? –le sonaba ciertamente ridículo, y es que lo era, los fantasmas no hacen las compras. 
El domingo era el día de descanso de Emma, últimamente no salía con nadie y se la pasaba en casa hablando con su madre, se convirtió en un ser solitario, ella vivía añorando su respuesta, se cansó de esperar y al no recibirla se le ocurrió algo muy interesante.
Emma pensó que tal vez si un día no iba a trabajar y se quedaba en casa podría llegar a ver a su madre cuando se aparecía para limpiar.
El lunes Emma se apareció en el trabajo como de costumbre, y avisó que en toda la semana no asistiría para arreglar asuntos familiares, los jefes fueron comprensivos tomando en cuenta su difícil situación y le autorizaron el permiso sin dudarlo un segundo, y así fue, el martes se quedó en casa como lo había planeado.
Normalmente Emma salía para el trabajo a las 6:30 am, pero este día estaba destinado a ser diferente, se levantó de la cama a las 9 am, tomó una ducha y después preparó el desayuno para dos personas, y mientras lo hacía pensaba en qué le diría a su madre cuando apareciera frente a ella. Sirvió el desayuno en los respectivos dos platos y se sentó en el comedor a esperar. No probó bocado, se quedó inmóvil, esperando la hora en que su madre llegara para poder comenzar, pasaron las horas pero ella nunca llegó. 
Emma estaba melancólica, ansiaba con deseos infantiles el imposible regreso de su madre, ahora más que nunca deseaba una caricia materna, un consuelo sincero y un abrazo lleno de amor.
Emma no se rindió, estaba encaprichada con ver a su madre de nuevo, decidió hacer lo mismo por el resto de la semana, ya que el permiso de descanso estaba ya autorizado, no tenía nada que perder de cualquier forma.
Pasaron miércoles, jueves y viernes pero no ocurrió nada, la casa ya estaba igual de sucia que antes, y lo que pensó Emma fue que tal vez a su madre le habían prohibido los seres del cielo que fuera vista físicamente, no se le ocurría una mejor explicación, pero aun así el sábado realizó el mismo ritual pensando en que era la última oportunidad de su madre para aparecerse ante sus ojos.
El sábado justo cuando Emma estaba a punto de renunciar a sus esperanzas, la cerradura se escuchó silenciosamente, ella se quedó quieta esperando, no quería espantar a nadie, tenía la imagen grabada en la mente de su madre atravesando la puerta, no hizo ningún movimiento, nada de ruido, sólo permaneció ahí, como un objeto inanimado, anhelante, algo nerviosa y a la vez muy emocionada, su corazón latía muy rápido y acelerado, se sentía extremadamente ansiosa, pero desdichadamente, no era su madre la persona que entró por la puerta...





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