lunes, 22 de junio de 2015

"Trotamundos" por Katherin Hernández

"Trotamundos", extracto del libro "Alma de Niño" de la serie Te invito a imaginar por Katherin Hernández



TROTAMUNDOS
Hubo una vez en un país muy lejano un hombre sumamente rico y poderoso, podía comprar todo lo que quisiera y no había cosa alguna que le hiciera falta. Por si esto fuera poco, también había sido bendecido con una hermosa familia a la cual amaba profundamente.
Aquel hombre poseía condominios, grandes extensiones de tierra, establos, ganado, lagos y bosques.
A pesar de poseerlo casi todo, desde su juventud sentía entrañables deseos por conocer el mundo, soñaba con saber qué había más allá, qué se encontraba del otro lado de las montañas que sus ojos podían ver, se preguntaba si las flores serían de los mismos colores, curioseaba si había animales que no conocía, quería saber si existían tal vez herramientas diferentes o nuevas tecnologías.
No había tenido aún la oportunidad de ver cumplidos sus sueños debido a que cuando era joven no tenía dinero, gracias a sus deseos de superación, su esfuerzo y dedicación había logrado mejorar su situación económica. Si pensaste que ahora que era rico nada lo detenía para realizar sus deseos estás muy equivocado, ya que a causa de sus negocios y su apegada familia no podía alejarse de su hogar por mucho tiempo y eso le impedía ir a conocer el mundo.
Pasaban los años y él presentía que el tiempo se acortaba, sentía que los días se le terminaban poco a poco, si quería saber cómo era el mundo tendría que tomar una decisión pronto.
Meditaba día y noche sobre cómo podría ver el mundo, se mataba pensando en algo que solucionara su problema, hasta que después de un tiempo llegó a una sabia conclusión.
La decisión ya estaba tomada, aquel hombre soñador mandó llamar a un famoso pintor, el cual era destacado en toda la región por su insólita virtud, tenía la fama de poder plasmar los más bellos paisajes sin perder detalle en absoluto y hacerlos lucir inclusive mejores que en persona.
El hombre rico sin dudarlo ni un sólo segundo decidió contratar a aquel pintor de inmediato, le dio una bolsa enorme llena de monedas de oro para que fuera a recorrer el mundo y le trajera forjados en sus cuadros los más bellos espectáculos.
El pintor se fue entusiasmado dispuesto a llevar a cabo la tarea que le había sido encomendada, mientras tanto el hombre rico por su parte esperaba con ansias tener en sus manos las pinturas y poder visualizar el mundo entero.
Pasaron los días, después los meses, finalmente los años y por desgracia dicho pintor nunca regresó. El hombre estaba afligido, pensó que durante el viaje pudo haberle pasado algo malo, tal vez verse atacado por otra raza, por feroces animales, por una amenazante enfermedad en lo desconocido, o en el peor de los casos, haber huido con el dinero olvidándose de la labor.
El hombre se decepcionó mucho por el nulo resultado del primer pintor, sentía que se habían burlado de él, que había esperado años en vano y estaba decepcionado, pero a pesar de eso no se rindió.
Con un aire de esperanza, un corazón lleno de ilusión y un espíritu de anhelo, aquel poderoso hombre mandó traer nuevamente a un segundo pintor, no era mejor que el primero pero sin embargo también era muy talentoso, de la misma manera le entregó un saco lleno de muchas monedas de oro y le encomendó exactamente la misma misión, el pintor se marchó con delirio dejando la firme promesa de regresar con su sueño cumplido.
Los días avanzaron, posteriormente los meses y tristemente finalmente los años, el hombre no podía más esperar el regreso del pintor, anhelaba tener las imágenes del mundo entero ante sus ojos, estaba ansioso y esperanzado. Lamentablemente el segundo pintor tampoco regresó, el hombre estaba enfadado por la irresponsabilidad del artista y se sentía furioso consigo mismo por cometer el mismo error dos veces, sin mencionar que había gastado una gran parte de sus riquezas en esos dos hombres que no habían regresado con resultados.
La amargura de la edad adulta, la enorme desesperación por el paso del tiempo y el ver que sus planes no habían funcionado lo hicieron pensar que lo más sensato sería viajar y asegurarse él mismo de terminar el plan original y no pagarle ni una moneda más a nadie. 
El hombre rico reunió a su familia para informarles acerca de la decisión que ya había tomado. Empacó unas cuantas cosas incluyendo algunos cambios de ropa, comida, agua y monedas. Tomó su caballo favorito, estaba a punto de partir pero justo en ese momento le dieron la mala noticia de que tenía que quedarse por unos días más en la región por cuestiones de negocios. 
Pasó una semana y el hombre volvió a prepararse para el viaje, esta vez los negocios no lo iban a detener, pero justo en el momento en que partía le avisaron que su hija menor había enfermado, por lo tanto tenía que permanecer en la región hasta que la salud de su hija mejorara.
Este tipo de situación se repitió en varias ocasiones hasta que el tiempo pasó volando y nadie lo notó.
El hombre oscilaba entre la tristeza y la decepción, con el tiempo y la depresión se había envejecido más rápido, perdió las fuerzas y sus riquezas habían disminuido notablemente. Lo único que le quedaba era el inmenso deseo entrañable que lo acompañaba desde su juventud.
Llegó un momento en que a él ya no le importó nada, empacó sus cosas nuevamente, tomó su caballo preferido y finalmente emprendió su viaje sin que nada ni nadie pudiera detenerlo.
Después de largos días de cansado viaje donde comía poco y dormía en los bosques, por fin llegó a duras penas al país más cercano, donde los aldeanos lo recibieron con mucho gusto y agradecieron su visita.
El hombre estaba maravillado de todo lo que su viaje le regaló, de aquellos hermosos paisajes, pudo ver a animales que desconocía, su nariz conoció olores que no sabía que existían, su paladar ascendió al éxtasis con diversos platillos, su lengua probó frutos nuevos, su vista se regocijó con desconocidas floras, espectáculos diferentes y construcciones únicas. Todo aquello le parecía como el mismo paraíso y no le pasaba por la mente en ningún momento regresar a su hogar.
Al hombre le entusiasmaba intensamente poder conocer más y más de todo, pero amargamente a la hora de prepararse para iniciar el segundo viaje pudo caer en cuenta de que las riquezas que poseía ya no le alcanzaban en lo absoluto y tuvo que volver derrotado a su hogar, sin embargo, estaba dispuesto a regresar y continuar haciendo su sueño realidad.
Una vez que aquel hombre regresó a casa, trabajó más duro que antes y esperó a  ahorrar dinero suficiente para poder volver a viajar, el tiempo se fue volando, él continuaba envejeciendo y enfermando.
El hombre enfermó gravemente y nunca más volvió a tener la oportunidad de viajar y continuar con su sueño.
Tiempo después en el lecho de su muerte se lamentaba intensamente de haber desperdiciado su vida tratando de acumular riquezas y preocupándose por tantas cosas insignificantes, olvidando lo primordial, que es alcanzar la felicidad. Mandó llamar a todos sus hijos y pronunció su última voluntad, cuando muriera quería que lo cremaran y sus cenizas debían ser esparcidas alrededor del mundo por las mismas manos de sus hijos, asegurándose así de que ellos no iban a cometer el mismo error y que conocerían más de las obras del Creador.

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